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lunes, 3 de abril de 2017

Los sueños de las niñas producen desencantos (y esperanzas)


Yo de niña soñaba con terminar la escuela. Y mi mamá me dijo que la escuela no era para mujeres. Que aprendiera a hacer las cosas de la casa, servirles a mis hermanos, para que ellos pudieran estudiar. Y ya ve, ninguno de ellos es profesional. Y pudieron estudiar. Ya de adulta yo me inscribí en la escuela y logré terminar. Y trabajo para que mis hijas y mis hijos sean profesionales. Imagínese tener una hija doctora, un hijo ingeniero. Lo que yo no pude. Ahora mi hija es profesional y nos ayudamos mutuamente. Estoy orgullosa de ella.

En cambio yo de niña quería ser azafata. Nunca supe cómo podría llegar a eso, pero me veía volando de ciudad a ciudad en esos aviones grandes. Las azafatas siempre me parecieron elegantes y buenas. 

Yo soñaba, en cambio, con casarme con el amor de mi vida. Resulta que el amor de mi vida era el padre de mi hijo. Nunca quiso casarse conmigo, me dijo que nos juntemos nomás. Pero no me parecía correcto. Entonces me casé con otro hombre, al que nunca amé. Él me maltrataba. Es todavía mi marido. 

Yo de chiquita soñaba con mi negocio propio. Una tienda quería tener yo. Para manejar harta plata. Me imaginaba los fajos de sucres en las manos, negociando con los proveedores, dando vueltos, conversando con las vecinas. 

Yo me acuerdo que desde chiquita quise tener un puesto de comida. Viera cómo me gusta cocinar. Tengo una tienda y a veces, cuando hay partidos de fútbol en una cancha que está cerca, vendo salchipapas. Pero no siempre hay gente. Entonces he averiguado de los arriendos para llevar mi negocio a otro lado, pero están muy caros. Mi marido me dice que para qué ando buscando otro negocio, que me quede con la tienda. Una vez me salió un crédito y no quiso firmar. Perdí el crédito. Siento que quiero y que no puedo. Vine acá para aprender de ustedes cómo hacer. 

Yo quería ser monja. Desde pequeña me encantaba la palabra de Dios. Orar. Leer la Biblia. Cuidar animalitos y enfermos. Yo de alguna manera cumplí mi sueño. Me paso en la parroquia. Le ayudo al párroco que es bien bueno. Doy catequesis, hacemos grupos de oración. Sin Dios no hubiera podido hacer nada de mi vida. Dios es mi fortaleza. 

Quería ser cantante. Me imaginaba sobre el escenario cantando y bailando. Me dijeron que no había futuro en la música, así que decidí estudiar otras cosas que me hacen feliz, igual. Pero siempre me quedé con las ganas. 

Yo quería mismo ser agricultora. Mi marido también es agricultor. Pasamos bien, nos reímos mucho. Ambos cuidamos los animales y trabajamos la tierra. 

Ustedes se van a reír de mi historia. Yo sí acabé la escuela. Yo tenía un compañerito que sacaba cien sobre cien en todo. Y dije "con ese me he de casar". Y sí, me casé con él. 

Yo de niña soñaba con ser escritora. Debí haber estudiado literatura, pero me convenció mi papá de estudiar derecho. Pero ahora que hablamos de los sueños, creo que nunca es tarde. No necesito haber estudiado literatura para escribir. Ahora escribo todos los días alguna cosa y así ensayo mi sueño infantil. 


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